Preparar unas oposiciones es una carrera de fondo que combina conocimiento técnico, constancia y equilibrio personal. Sin embargo, incluso los aspirantes más disciplinados pueden caer (a veces sin darse cuenta) en hábitos que restan eficacia a su estudio.
Conocer estos errores no solo ayuda a evitarlos, sino también a construir una rutina más sólida y sostenible.
Errores en el estudio
1. No planificar un horario realista
Muchos opositores creen que “cuantas más horas, mejor”, pero la clave no está en estudiar más, sino en estudiar mejor. Establecer un horario concreto, adaptado a la disponibilidad diaria, permite mantener el hábito incluso cuando faltan ganas o energía. Una buena planificación no solo marca el ritmo, sino que también evita la sensación de caos o culpa por “no llegar”.
2. Dejar temas sin preparar
A medida que se acerca el examen, es común concentrarse en los temas más frecuentes y dejar de lado los menos habituales. Sin embargo, cualquier apartado del temario puede aparecer en una pregunta. Un repaso global garantiza que no haya puntos débiles que puedan penalizar el resultado final.
3. No adaptar el método al tipo de examen
Cada oposición tiene sus particularidades: test, desarrollo, ejercicios prácticos, defensa oral… Prepararse sin tener en cuenta el formato es como entrenar sin conocer la carrera. Practicar con simulacros reales, ajustar el ritmo y entrenar la exposición oral son pasos tan importantes como memorizar los contenidos.
4. No respetar los descansos
El cansancio acumulado es uno de los principales enemigos del opositor. Estudiar sin pausas no solo reduce la concentración, sino que dificulta la retención a largo plazo. El descanso, el ocio y la desconexión son parte del aprendizaje: el cerebro también necesita respirar.
Factores personales que afectan a la motivación
5. Esperar a “sentirse inspirado”
La motivación no llega antes de empezar, sino después de hacerlo. Sentarse frente al temario es, muchas veces, el paso más difícil, pero también el más necesario. Crear una rutina (aunque sea mínima) es lo que convierte el esfuerzo en hábito y el hábito en progreso.
6. Autoboicotearse
En los procesos largos, las dudas son inevitables: “no voy a poder”, “esto no es para mí”. Estos pensamientos restan energía y confianza. Recordar por qué se empezó, visualizar la meta y celebrar los pequeños logros son estrategias que fortalecen la constancia. La oposición no se gana solo con estudio, sino también con resistencia mental.
7. No pedir ayuda cuando hace falta
Contar con apoyo (ya sea de otros opositores o de una academia especializada) ayuda a mantener la motivación y el ritmo de avance. Compartir dudas y experiencias permite relativizar el estrés y aprender de otros que están pasando por lo mismo.
Estrategias prácticas para evitar los errores
Conocer los errores más frecuentes es solo el primer paso. Lo verdaderamente útil es convertirlos en herramientas de mejora. Algunas estrategias sencillas pueden marcar una gran diferencia:
- Registrar los avances: llevar un pequeño diario de estudio o una hoja de seguimiento ayuda a visualizar el progreso y detectar cuándo baja el ritmo.
- Practicar la autocompasión: no se trata de exigirse perfección, sino de reconocer el esfuerzo diario sin castigarse por los días menos productivos.
- Revisar y ajustar la planificación cada mes: lo que funciona en una etapa puede quedarse corto en otra; la flexibilidad evita la frustración.
En definitiva, los fallos no son un obstáculo, sino una señal de que estás avanzando y aprendiendo a hacerlo mejor.
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